De una tradición vitícola larga, esta región de 12 000 hectáreas de viñedo posee varias denominaciones y características específicas a estos terruños.
La abundancia de viñas salvajes permitió seleccionar variedades específicas, dichas del pyrénéo-Atlántico, y esta cultura indígena, hecho excepcional en Europa occidental, no debe nada a la colonización romana.
En el curso del Medievo, los caminos de peregrinación de Santiago de Compostela, que convergía hacia esta zona, obligaron a los monjes, gerentes de la hospitalidad, a desarrollar sus viñedos, donde las cepas son conducidas en altivas o semialtivas que dan una especificidad a sus vinos. Encontramos allí DOC Rioja y DO Txakoli.
Las cepas dominantes son Tempranillo, Garnacha, Graciano, Mazuelo, Ondarribi Beltza, Ondarribi Zuri, Malvasia y Viura.
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